Cuidando lo artificial. Un amigo para Frank

Un amigo para Frank es una película sencilla, amable, sin grandes efectos cinematográficos; es una película que reúne las virtudes del buen cine, del gran cine, sin ser una “gran” película. Pertenece al género de la ciencia ficción, con mucha ficción y menos ciencia, y esto se agradece en una época donde el cine se ha recargado de excesiva tecnología.

Publicado:
10 | 11 | 2022
Tomás Domingo Moratalla

Profesor de Filosofía. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

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Cartell de la pel·lícula

Un amigo para Frank es una película sencilla, amable, sin grandes efectos cinematográficos; es una de esas películas que reúnen las virtudes del buen cine, del gran cine, sin ser una “gran” película como tal. Pertenece al género de ciencia ficción, con mucha ficción y menos ciencia, lo cual también se agradece en una época en que el cine se ha recargado ya de excesiva tecnología.

Una persona mayor, Frank, que vive solo, empieza a tener problemas de memoria, le ronda el Alzheimer, tiene momentos de dejadez y de cierto abandono, olvida tomar sus medicinas, desatiende la casa y, lo más importante, se desatiende a sí mismo. Los hijos viven lejos, y la opción de la residencia no se contempla. ¿Por qué no un robot para Frank? Le ayudará a poner orden en su vida cotidiana, tomar su medicación y establecer una pautas de vida saludable. La tecnología mirará por su salud. Pero lo que comienza siendo una relación difícil entre Frank y el robot acaba siendo una relación casi de amistad. Y al mismo tiempo encontrará en el robot un aliado para…. Bueno, para eso, mejor ver la película.

Lo importante desde una perspectiva reflexiva es que la película nos ayuda a percatarnos y ponernos a pensar sobre las potencialidades y virtualidades de una medicina, como curación y cuidado, que ha hecho de la tecnología su santo y seña.

Lo importante desde una perspectiva reflexiva es que la película nos ayuda a percatarnos y ponernos a pensar sobre las potencialidades y virtualidades de una medicina, como curación y cuidado, que ha hecho de la tecnología su santo y seña.

La presencia de un robot “cuidador” nos sirve como elemento para reflexionar sobre la medicina y las nuevas tecnologías, la medicina y la inteligencia artificial. Es sorprendente y llamativo que lo que empieza a ser hoy la medicina ya fue vislumbrado hace años por el cine de ciencia ficción. Una medicina tecnologizada ha sido protagonista de las mejores escenas de algunas de las grandes películas del género. Películas como “Blade Runner”, “Trascendence”, “Minority Report”, “Star Wars”, o “El Quinto elemento”, entre tantas otras, son un buen ejemplo de una medicina tecnologizada.

Si ayer era ciencia ficción hoy está cerca de convertirse en realidad. Pensemos en los microrobots, capaces de intervenciones reparadoras a nivel celular, o en los biorobots, a medio camino entre formas biológicas y máquinas.

 

Robot and Frank
Fotograma de la película

El cine de ciencia ficción es una ventana para vislumbrar el futuro de la medicina, que en parte ya está aquí. Esta película, aunque juega con la idea de un robot cuidador de altas prestaciones, no hace alarde de ingenio tecnológico. Por eso mismo la película es muy recomendable para pensar y pensarnos cuando disponemos de una medicina cada vez más tecnologizada. ¿Dónde queda el cuidado?

Pero robots hay de muchos tipos. Piensen, sin ánimo de establecer una tipología, en el robot-cirujano cuya precisión “más que humana” es inestimable y ya irrenunciable, o el robot-rehabilitador, muy cercano al cuidador, que ayuda, por ejemplo, a repetir ciertos movimientos musculares, etc. O qué decir del robot-paciente, que sirve para que los estudiantes de medicina ensayen y practiquen con que simulaciones de humanos que sangran, se quejan y lloran, y que nos hacen pensar más si cabe sobre los límites de lo humano, merodeando lo inquietante. ¿Podemos “hacer daño” a una máquina? En nuestro caso, en nuestra película y dejando de lado en estos momentos otras grandes cuestiones antropológicas, nos encontramos con el robot-cuidador, una telemedicina que se amplía con el médico en casa, también un cuidador en casa.

Una de las cuestiones más interesantes que pone de relieve esta sencilla película es la cuestión de la humanización del robot. Parece que perseguimos que los robots sean como nosotros, los humanos, en piel, con gestos y reacciones que sean como las nuestras; buscamos humanizar el robot. Sin embargo, lo importante no es que sea humano, o como si fuera humano, sino que nosotros, quizás enfermos, vulnerables siempre, no perdamos nuestra humanidad, nuestras capacidades, nuestras historias. La película, con estos elementos narrativos, es capaz de dibujarnos un marco de humanidad, entre el juego y la risa, la ironía y la ternura, incluso el delito.

Las nuevas tecnologías aplicadas a la medicina, la telemedicina, etc., los robots (sistemas) cuidadores, etc., no pueden olvidar lo esencial: el cuidado de lo humano. Pero este cuidado se dice de muchas maneras. El cuidar es plural. Hay, lo vemos en la película, un cuidado médico, un cuidado cotidiano, cuidado en los hábitos de vida, entre muchos otros; pero hay un cuidado de la propia historia, de la propia narración de sí mismo. Lo que consigue este pequeño robot, más cercano a un trasto y a un armatoste, es que Frank le cuente y nos cuente, y se cuente, quién es, y no olvide quién es, lo que fue, incluso lo que puede seguir siendo (incluso aunque no esté bien visto…véase la película).

Quizás la gran aportación de la mayor tecnología pudiera ser ayudarnos a cuidarnos, a cuidar a los otros y cuidar nuestro mundo. Pero las nuevas tecnologías, como las viejas, son ambiguas, como todo lo humano. Y dependen de nuestro trato, de nuestro cuidado.

Somos fruto de nuestro quehacer tecnológico, de nuestra cultura. La actitud hacia la tecnología puede ser muy diversa, de odio o de desprecio (tecnofilia o tecnofobia), pero necesitamos, si queremos sobrevivir en los nuevos mundos, una actitud de responsabilidad y cuidado. Debemos cuidar lo que creamos para que, a su vez, nuestras creaciones sigan mirando por nosotros. Eso que creamos no es sólo un mundo de instrumentos y de máquinas ajeno, es algo más, es ya nuestro mundo, y requiere nuestra atención, nuestro mirada cuidadora y responsable. Las antiguas recomendaciones precisan de otras nuevas: cuidar lo artificial para seguir manteniendo el cuidado de lo humano como práctica y tarea. El principio humanista no prescinde de la tecnología, la necesita.

“Cuidar lo artificial” es uno de los lemas que propondría para pensar la irrupción de las nuevas tecnologías en nuestras vidas y en nuestros cuidados, es decir, cuidar al cuidador también cuando el cuidador son aparatos tecnológicos. Necesitamos desarrollar nuevas prácticas cuidadoras, donde “la máquina” no es sólo un instrumento

En las éticas del cuidado, por diferentes que sean, se mantiene siempre como hilo conductor cierto principio humanista que adopta múltiples veces la expresión kantiana del ser humano como fin en sí mismo, con dignidad y sin precio, contra toda instrumentalización. “Obra de tal manera que trates a los otros y a ti mismo siempre como fin y nunca solo como puro medio”, nos dice Kant. Sin entrar en la interpretación de la formulación kantiana, y manteniéndola como defensa de la dignidad y valor de la persona, me gustaría darle la vuelta y proponer un principio humanista para el cuidado de lo artificial. Darle la vuelta y decir: “trata al mundo tecnológico no sólo como puro medio”, es decir, que el instrumento merece cierto respeto, cuidado, atención; tiene, me arriesgo a decir, “cierta dignidad”: es nuestro mundo, somos nosotros. Precisamos una actitud distinta, porque somos de principio a fin tecnológicos.

Si lo tecnológico viene en nuestra ayuda, pues así lo encaminamos nosotros, nuestra tarea ha de ser también cuidar lo artificial, cuidar las nuevas posibilidades de la medicina (telemedicina, etc.). Cuidar nuestro medio, cuando el medio en que vivimos es una mezcla de naturaleza y tecnología, es cuidarnos a nosotros mismos. Si, como decía antes, las éticas y políticas del cuidado se dicen de muchas maneras, deberán contar con este cuidado de las nuevas tecnologías. Cuidar lo artificial en la era de la inteligencia artificial aplicada a la medicina, de las nuevas tecnologías médicas o de las variadas formas de telemedicina, pasa necesariamente por una responsabilidad hacia nuestras creaciones, pues de ellas depende, en definitiva, la calidad de nuestro cuidado y, en última instancia, nuestra humanidad.

Título original: Robot and Frank (Robot & Frank)

Director: Jake Schreier

Guión: Christopher D. Ford

Año: 2012

Duración: 90 min.

País: Estados Unidos

Reparto: Frank Langella, James Marsden, Liv Tyler, Susan Sarandon, Peter Sarsgaard, Jeremy Strong, Dario Barosso, Bonnie Bentley, James D. Compton, Ana Gasteyer, Kurt Grelak, Rachael Ma, Susan Mitchell, Dana Morgan, Joshua Ormond, Jeremy Sisto, Katherine Waterston, Jesse Newman

Género: Ciencia ficción

Para citar este artículo: Domingo-Moratalla, T. Cuidando lo artificial. Un amigo para Frank. Bioètica & Debat. 2021;27(91): 26-27.