De Cambridge a Harvard y Georgetown, pasando por V.R. Potter

Resumen

Hoy presentamos un artículo de la revista Bioética & debat número 50 que fue una edición especial. En ella el fundador y presidente del IBB habla de los orígenes del término "bioética" y su evolución hasta el 2007. Nos parece un relato histórico entrañable tanto por el contenido como por los relevantes personajes que presenta: Potter, Hellegers, Reich y el mismo Abel.

Publicado
10 | 7 | 2025
Francesc Abel, sj

Doctor en medicina y cirugía, especialista en obstetricia y ginecología. Licenciado en teología y en sociología (especialidad Demografía y Población) fue miembro de la Compañía de Jesús desde 1960.
Académico de Número de la Real Academia de Medicina de Cataluña (1999) fue uno de los pioneros de la bioética en Europa y fundador del Institut Borja de Bioètica (IBB), el primero que se funda en Europa, en el año 1976.
 

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Bioètica & debat

Nadie duda que desde los orígenes de la profesión médica, la consulta entre colegas era algo habitual si bien parecería abusivo afirmar que se hacía bioética, antes de que el término fuera acuñado. En una visión retrospectiva la fecha en que podemos retrotraer la idea central de la bioética como necesidad de diálogo entre dos culturas, que se ignoraban mutuamente, la científica y la humanística, la podemos ubicar en el año 1959, en la vida y obras del Catedrático de física de la Universidad de Cambridge, Charles Percy Snow  (1905-1980);1 asesor del gobierno británico en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945),encargado de seleccionar el personal para las investigaciones científicas con fines militares. Profundizó el problema de las relaciones entre ciencia y política en las sociedades avanzadas, tema del ensayo, Science and Government  (1961) 2 que trata de la vocación científica y el papel de científicos y políticos. Hace una muy severa crítica de las decisiones políticas tomadas por hombres que no poseen un conocimiento de primera mano de aquello en que estriban estas decisiones o de cuáles pueden ser sus consecuencias. A título de ejemplo, explica las diferencias surgidas entre Sir Henry Tizard, a quien se debe el logro del desarrollo del radar en Inglaterra como estrategia de guerra, frente a Lord Cherwell (F.A. Lindemann), asesor científico de Churchill, quien propugnaba los indignos bombardeos estratégicos de Alemania en la II Guerra Mundial. 

De Cambridge a Harvard

Según testimonio del Dr. Charles Percy Snow, en 1956 trató en una conferencia de la necesidad de establecer el diálogo entre la cultura científica y la humanista. Pronunció la Conferencia Rede en Cambridge en mayo de 1959 con el título de «The Two Cultures and The Scientific Revolution»3  que tuvo una amplia e insospechada acogida, tanto en la prensa como entre los medios científicos. En el año 1960, además de sus trabajos en su propia Universidad, visitó y pronunció conferencias en las Universidades de Harvard, Berkeley y Lomonosof, de Moscú. En 1964 publicó una revisión de la conferencia antes mencionada con el título «The Two Cultures and a Second Look. An Expanded Version». En palabras del mismo Snow sabemos que en el año 1960 impartió clases en Harvard University sobre las dos culturas y las consecuencias de su respectivo desinterés.

Es muy importante resaltar estas palabras del mismo Snow que nos dice: «Durante el año 1960 pasé algún tiempo en cuatro de las grandes universidades del mundo: la inglesa de Cambridge, que naturalmente quiero; la Universidad Lomonosov, de Moscú; la de California, en Berkeley, que tuvo la amabilidad de invitarme a pasar el otoño allí, y la de Harvard... Al llegar a Harvard, por tercera vez, he sentido nuevamente que ésta es, en muchos aspectos, la más espléndida de las universidades que pisé jamás».

De Harvard al círculo de Georgetown University y V.R. Potter

Una explicación más amplia sobre los orígenes de la bioética la encontrarán en el libro: “Bioética: orígenes, presente y futuro” de F. Abel (2001).

Aquí quisiera subrayar que, si bien el origen del neologismo Bioética puede atribuirse a V.R. Potter, el concepto del «divorcio» entre las culturas científica y humanística, así como sus principales puntos de apoyo, no se deben a Potter, ni a Hellegers, sino a Charles Percy Snow, físico y humanista excepcional.

V.R. Potter llegó a la conclusión que es necesario combinar biología y humanidades para construir una ciencia de la supervivencia, que ha de respetar la naturaleza y sensibilizar la opinión pública de su importancia. Por esto dedica su libro a Aldo Leopold, ingeniero forestal, considerado fundador de esta rama de la ingeniería que al sugerir la idea de una ética ecológica, en su libro The Land Ethic (1946), anticipa el concepto de bioética como ética de la supervivencia,4 la necesidad de una ética global: Global Bioethics: Building on the Leopold Legacy.5 El objetivo de esta ética global es el poder contar con personas comprometidas, capaces de percibir la necesidad de futuro y de cambiar la orientación actual de nuestra cultura y que puedan influenciar a los gobiernos, en el ámbito local y global, para conseguir el control de la fertilidad humana, la protección de la dignidad humana y la preservación y restauración del medioambiente. Estos son los requisitos mínimos para poder hablar de supervivencia aceptable contrapuesta a la supervivencia miserable.6

Potter manifiesta también que: «Desde un buen principio he contemplado la bioética como el nombre de una nueva disciplina que combinaría ciencia y filosofía. Para ser más concreto: se trataría de la permanente investigación de la sabiduría por parte de la humanidad. Defino esta sabiduría como el conocimiento de cómo utilizar el conocimiento para asegurar la supervivencia humana y la mejora de la condición humana».

André Hellegers (1926-1979), de origen holandés, emigró a Estados Unidos cuando tenía 27 años, después de acabar la carrera de Medicina y la especialidad de obstetricia y ginecología, con un profundo conocimiento de Humanidades.

El énfasis en la reproducción humana, en todas sus vertientes, queda fuertemente determinado por la propia biografía profesional de Hellegers y por dos hechos importantes: su nombramiento como miembro de la Comisión sobre Población y Planificación Familiar del Presidente Johnson, y como secretario general adjunto de la Comisión Pontificia para el estudio de la población y el control de la natalidad (1964). Estos hechos marcarían una orientación en el «Kennedy Institute» y en las características iniciales del diálogo bioético.

Para este diálogo los humanistas deben familiarizarse con los progresos realizados en el terreno de las ciencias, que hacen que el poder del hombre sobre la vida sea una realidad, a la vez esperanzadora y peligrosa. Por otra parte, los científicos no pueden ignorar el mundo de la cultura y de los valores humanos no técnicos que son esenciales cuando hablamos de derechos humanos.

El término bioética alcanza con André Hellegers una plenitud de sentido, diferente a la propuesta de Potter, como lugar de diálogo entre diversas disciplinas para configurar un futuro plenamente humano. Considera que si bien la iniciativa y el liderazgo tienen que venir de la medicina y de sus profesionales, los interlocutores tienen que provenir de las humanidades, especialmente de la ética filosófica y teológica.

Francesc Abel, s.j., llegué al «Kennedy Institute» a comienzos del año 1972. El Dr. André Hellegers me ofreció una beca y la posibilidad de integrarme en las tres secciones del Instituto, y me dirigió la tesis doctoral. Además de la experiencia adquirida en el campo de la investigación en fisiología fetal, trabajando con el Dr. Robert Cefalo en la parte quirúrgica, lo realmente interesante eran las noches en el laboratorio donde me visitaba con frecuencia el mismo Hellegers con quien compartía visiones de futuro y preocupaciones por lo que llamábamos las tres "P", iniciales de Population, Production y Pollution. Los problemas, por tanto, derivados del crecimiento de población; del crecimiento del consumo, sobre todo energético, con sus consecuencias —especialmente para el Tercer Mundo— y la problemática del Medio Ambiente.

Warren Reich, Doctor en Teología Moral, uno de los primeros colaboradores del Dr. André Hellegers, junto con LeRoy Walters, primer Director del Kennedy Institute y Director de la Encyclopedia of Bioethics, obra de consulta obligada para todo estudioso de la bioética. 8,9 El Dr. Warren Reich, sorprendido que la figura de V.R. Potter fuera conocida en España mientras en EE.UU. parecía que estaba por descubrir, decidió profundizar en el origen del término “bioética” y el concepto de la misma. Publicó dos interesantes artículos The Word “Bioethics”: Its Birth and the Legacies of tose Who Shaped It  y The Word “Bioethics”: The Struggle Over Its Earliest Meanings.11 

Propuso la hipótesis de un origen bicefálico sobre el nombre y concepto de bioética: André Hellegers del Kennedy Institute y V.R. Potter. Creo que tal origen conciliador merece ser revisado y considerada mi interpretación.

Como resultado de diversas lecturas, mis hipótesis son:

1. El término bioética tiene su origen como neologismo en la persona de V.R. Potter. Creo muy probable, conociendo a Hellegers, que leyera alguna referencia al término «bioética» en algún periódico, cuando fue usado por Potter, sin parar demasiada atención al contenido de la noticia. La palabra surgió después espontáneamente de manera natural como propia. No dudo que Hellegers creyó siempre que la palabra la había acuñado él, aunque de esto nunca hizo cuestión polémica. Tampoco interesaba demasiado a los miembros de los primeros institutos de bioética.

2. Estoy convencido que después de la publicación de “The Two Cultures and The Scientific Revolution”, André Hellegers adoptó la idea de la importancia de reconducir el diálogo entre científicos y humanistas y, al mismo tiempo, la necesidad de refinar lenguaje y definiciones en este diálogo, dada su experiencia en las comisiones de las que formó parte.

3. El argumento de que científicos y humanistas habían vivido un divorcio de más de 30 años y que correspondía a los científicos marcar las prioridades en la sociedad actual, se debe de manera principal y específica a Lord Charles Percy Snow.

Modestamente puedo afirmar que soy una de las personas que ha conocido mejor al Dr. André Hellegers. Lector empedernido prácticamente al corriente de los principales rotativos de Estados Unidos y entre ellos New York Times y Washington Post al igual que Los Angeles Times, comunicaron en el año 1960 el anuncio de las conferencias y resúmenes pronunciadas por Snow: 

  • January 3, 1960, “Two worlds of the Modern Mind that Seldom Meet”,  by Tuzo Wilson,The New York Times.
  • November 18, 1960, (Sir Charles Percy Snow)   “British Scientist to Lecture at SC”, Los Angeles Times

Recuerdo del pasado y perspectiva de futuro

Al releer la biografía de Charles Percy Snow tengo la impresión de que su lectura puede beneficiar a cuantos quieran reflexionar sobre distintos tipos de comités, siendo muy crítico con los que clasifica como cerrados, parlamentarios ingleses, jerárquicos y cortesanos. Muestra especial simpatía por el sistema Consejo de los Diez de Venecia (Siglo XIV).12 Aunque Snow se refiere siempre al gobierno inglés y en ocasiones a Estados Unidos y a la Unión Soviética tiene consideraciones importantes a mi modo de ver sobre las investigaciones en general y sobre la necesidad de no olvidar el diálogo con la Tercera Cultura. cultura a la cual todavía no se le ha hecho el suficiente caso ni respeto. Se trata de la cultura política y administrativa. El diálogo con las personas que constituyen estos órganos de poder y ejecución debe abordarse con toda seriedad y urgencia . 
 
No hay duda alguna de que en todo lo referente a las dimensiones científicas, económicas y organizativas no podemos dormirnos en los laureles, sino que tenemos que interrogar nuestro presente e intentar ver el futuro inmediato y a medio-largo plazo en la medida que nuestros conocimientos lo hagan posible. Me pregunto si hacemos lo que debemos hacer y lo hacemos bien o si nuestros CEAs y CEICs necesitan cierto revulsivo para salir en algunos casos de la autocomplacencia y en otros para liberarse de la excesiva burocratización. 

Es importante considerar las observaciones que hace Charles Percy Snow sobre los políticos y miembros de la administración. Aconseja en su tiempo, y creo importante para nosotros ahora, las siguientes observaciones: 

•    Debería haber científicos en todos los escalones de gobierno capaces de ampliar sus competencias con una visión amplia de los problemas científicos en general. 

•    Hay que cuidar que los científicos sean gente adiestrada en las ciencias naturales, no sólo ingenieros: “hago una exigencia particular de científicos propiamente dichos porque en parte por entrenamiento y en parte por autoselección, entre ellos existe un gran número de mentes especulativas y socialmente imaginativas. “Creo que los científicos tienen algo que dar y de lo cual nuestra sociedad de tipo existencialista está desesperadamente falta. Tan falta que no acierta a comprender porqué está a punto de morir de hambre. Lo que le falta es la previsión." 

•    Los científicos activos han de estar en el gobierno, sin dejarlo todo en manos de un solo científico soberano.

En mi opinión creo que en el campo de la investigación hay que prestar más atención a las intuiciones y a la creatividad y más interés en la formación y discusiones de formación. Veo con profunda simpatía la recuperación del significado de interdisciplinariedad y transdisciplinariedad, este último, principalmente, gracias a la Escuela de Bioética de América del Sur (Leo Pessini; Volnei Garrafa y otros bajo la coordinación de Alya Saada). Excesiva preocupación también por la autonomía de los pacientes y actitudes letárgicas ante las evidentes desigualdades e injusticias en distribución de recursos y accesos a los mismos. Considero regresiones al pasado las figuras de “expertos o consultores” en Bioética, independientes del contexto hospitalario y aislados de la deliberación multidisciplinar.

Siguiendo a Snow cuando dice: “La ciencia por su propia naturaleza, existe en la historia... Los científicos tienen dentro de sí el saber de cómo opinará la sociedad del futuro, porque la ciencia misma, en su aspecto humanos, es eso precisamente”

Me sumo al comentario de Lord Snow cuando dice: “somos inmensamente competentes; conocemos como la palma de la mano las normas de nuestras propias operaciones pero no es suficiente. Ésta es la razón de que desee que algunos científicos se mezclen en nuestros asuntos (políticos y administración). Sería muy amargo que una vez capeado este temporal de la Historia el mejor epitafio que pudiera escribir alguien sobre nosotros fuera éste solamente: “Eran los hombres más sabios que no tenían el don de ver el porvenir”.  

 

Referencias bibliográficas:

(1) Le pedí a la profesora Victòria Camps que, en una sesión de bioética, refrescara mi memoria y me hiciera repensar aquella vieja discusión sobre de quién fue la idea de la “bioética” como puente entre las ciencias y las humanidades. Esto me ha obligado a releer a Charles Percy Snow o Lord Snow.
(2) Snow, C.P. Ciencia y Gobierno. Ed. Seix Barral, S.A., Barcelona, 1963. Título original: Science and Government, Harvard University Press, Cambridge, Mass., 1961.
(3) Snow, C.P. Las dos culturas y la revolución científica. Cambridge University Press, 1959. Las dos culturas y una segunda mirada. Una versión ampliada. Cambridge University Press, 1964. Edición castellana: Las dos culturas y un segundo enfoque. Alianza Editorial, 1977.
(4) Leopold, A. La ética de la tierra: Almanaque del condado de Sand, con otros ensayos sobre conservación del Río Redondo. Oxford University Press, 1949.
(5) Potter, V.R. Bioética global: Construyendo sobre el legado de Leopold. East Lansing: Michigan State University Press, 1949.
(6) Potter, V.R. Llegar al año 3000: ¿Puede la bioética global superar el defecto fatal de la evolución? Perspectives in Biology and Medicine, 1990; Otoño. 34 (1): 97.
(7) Potter, V.R. Humildad con responsabilidad. En: Bioética para oncólogos: Discurso presidencial. Cancer Research, 1975; 35: 2297-2306.
(8) Reich, W., editor. Enciclopedia de Bioética. Edición revisada. 5 volúmenes. Nueva York: MacMillan; 1995.
(9) Walters, L. Bibliografía de bioética. Washington: Universidad de Georgetown. Instituto Kennedy; 1975.
(10) Kennedy Institute of Ethics Journal, Vol. 4, Nº 4, pp. 319-335. 1994, por The Johns Hopkins University Press.
(11) Kennedy Institute of Ethics Journal, Vol. 5, Nº 1, pp. 19-34. 1995, por The Johns Hopkins University Press.
(12) Lord Snow hace un repaso de los distintos comités que ha conocido y conserva un recuerdo nostálgico de la oligarquía veneciana (siglos XIII y XIV), que parece admirar, pero que no tiene comparación posible con las instituciones parlamentarias de América o Inglaterra. La oligarquía veneciana fue una gran maestra en la tarea de los comités y llevó a cabo la mayor parte de sus actos de gobierno por este procedimiento. El Consejo de los Diez (que ordinariamente se reunía como un organismo de diecisiete miembros) y los Jefes de los Diez (que formaban un comité interno de tres) tomaban la mayor parte de las decisiones ejecutivas. Dudo que pudiéramos enseñarles gran cosa sobre la política de los comités.

Para citar este artículo: Abel F. De Cambridge a Harvard y Georgetown, pasando por V.R.Potter. Bioètica & debat · 2007; 13(50): 1-5