Identificar los valores en el siglo XXI

Identify values in the 21st century.
Resumen

El texto analiza la obra Ética para tiempos oscuros. Valores universales para el siglo XXI de Markus Gabriel, filósofo alemán y representante del denominado “Nuevo Realismo”. Gabriel propone una renovación del proyecto ilustrado a través de una “nueva Ilustración” basada en la razón y en un “nuevo realismo moral”. Su tesis central sostiene que existen hechos morales objetivos, cognoscibles y universalmente válidos, que permiten fundamentar valores universales como el bien, el mal y lo neutro. Frente al relativismo y al nihilismo moral contemporáneos, el autor defiende la posibilidad de un progreso moral entendido como el conocimiento y la realización del bien, cuya finalidad última es la felicidad humana. Gabriel denuncia los riesgos éticos del individualismo, la competencia económica y el nacionalismo, abogando por una ética global y cosmopolita inspirada en el imperativo categórico kantiano. El artículo subraya la relevancia de su propuesta como defensa de la objetividad moral y del papel de la razón en la construcción de una ética universal para el siglo XXI.

Abstract

The text analyses Ethics for Dark Times: Universal Values for the 21st Century by Markus Gabriel, a German philosopher and representative of the so-called “New Realism.” Gabriel proposes a renewal of the Enlightenment project through a “new Enlightenment” founded on reason and a “new moral realism.” His central thesis maintains that there are objective, knowable, and universally valid moral facts that provide the basis for universal values such as good, evil, and neutrality. In opposition to contemporary moral relativism and nihilism, the author defends the possibility of moral progress understood as the knowledge and pursuit of good, whose ultimate goal is human happiness. Gabriel denounces the ethical dangers of individualism, economic competition, and nationalism, advocating instead for a global, cosmopolitan ethics inspired by Kant’s categorical imperative. The article highlights the relevance of his proposal as a defence of moral objectivity and the role of reason in building a universal ethics for the 21st century.

Publicado
25 | 11 | 2025
David Lorenzo

Doctor en Humanidades y Ciencias Sociales. Director del Institut Borja de Bioètica.

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Bioètica & Debat

Markus Gabriel (Alemania, 1980) es un filósofo alemán que goza de fama internacional, con varios libros ya publicados, traducidos a varias lenguas. En ellos, ha ido desarrollando lo que él denomina ‘Nuevo Realismo’, teoría que también aborda en este libro.

El autor presenta la situación ética actual como una situación marcada por la agitación, la confusión y el peligro: el peligro de que ciertos derechos y acuerdos morales se pierdan a causa de la confusión de valores, estado que genera zozobra y agitación. Estamos viviendo, pues, una época de “tiempos oscuros”. El individualismo, el relativismo, las noticias falsas, las tendencias poco democráticas de algunos países, etc., son hechos importantes que conforman esos peligros.

La respuesta -la propuesta- del autor ante esa oscuridad es una ‘nueva Ilustración’: “¿No estamos acaso -afirma- ante un momento idóneo para una ‘nueva Ilustración’? En las páginas que siguen nos ocupamos de eso, ni más ni menos” (p. 16). El objetivo del libro es, como hizo Kant a finales del siglo XVIII, buscar y proponer una nueva etapa de ‘iluminación’. La guía de esa etapa es la razón. La base de tal iluminación es lo que el autor llama “nuevo realismo moral” (p. 27). 

Ese ‘nuevo realismo’ tiene tres tesis o premisas básicas (pp. 33-34).

-Tesis 1. Existen hechos morales objetivos, hechos que son independientes de las opiniones personales y colectivas. Eso recibe el nombre de ‘realismo moral’.
-Tesis 2. Los hechos morales pueden ser conocidos (al menos en sus rasgos esenciales). Eso es llamado por el autor ‘humanismo’.
-Tesis 3. Esos hechos son válidos para todo hombre en todo tiempo y lugar. El autor denomina esta tesis ‘universalismo’.

Según Gabriel, un hecho es “una verdad de existencia objetiva” (p. 47, p. 239). Los hechos morales son verdades morales (p. 239). Un hecho moral es algo que un ser humano debe hacer o renunciar a hacer (p. 12). La base de los hechos morales no es la divinidad, la razón u otra instancia sino los hechos en sí mismos (p. 36). El autor no intenta dar explicación de esa base (de su fundamento último), algo que -creemos- supone una laguna argumentativa en su propuesta.

Los hechos morales son hechos en los que las posibilidades de actuar se clasifican según los criterios de lo bueno, lo neutro y lo malo (p. 192). “Lo bueno y lo malo son -afirma- valores universales” (p. 16). Efectivamente, el autor afirma que existe un sistema de valores universal: lo bueno, lo neutro y lo malo (p. 108). No obstante, creemos que no aclara suficientemente que lo que es universal es la clasificación en sí, y no el contenido de tal clasificación, el contenido de cada tipo de valores.

El autor señala de manera reiterada que los valores (su existencia y sus tipos) son importantes para el ser humano porque el hombre no es un animal más, tiene ‘espíritu’. Gabriel entiende por ‘espíritu’ la capacidad de dirigir la vida con un concepto de uno mismo y de quién quiere el individuo ser (pp. 263, 335). En esta línea, critica -creemos que acertadamente- la tendencia de ciertas corrientes actuales a igualar a los seres humanos y a los animales. Sólo hay ética y progreso moral en el mundo humano (p. 263). ¿En qué consiste tal progreso?

La salida a los tiempos oscuros en que vivimos es la luz de la nueva Ilustración y la búsqueda del progreso moral: la nueva Ilustración, para ser posible, “requiere poner como objetivo principal de la sociedad y el individuo la idea de progreso moral”

“El progreso moral consiste en conocer mejor qué debemos hacer o bien renunciar a hacer” (p. 23). Gabriel pone el concepto de ‘progreso moral’ en el centro de su propuesta, una propuesta de base eudaimonista, pues considera que la finalidad de ese proceso es la felicidad (p. 139). La Ilustración debe implicar, en el individuo, ir tomando decisiones según el valor del bien, y esa decisión es la fuente de progreso moral. La salida a los tiempos oscuros en que vivimos es la luz de la nueva Ilustración y la búsqueda del progreso moral: la nueva Ilustración, para ser posible, “requiere poner como objetivo principal de la sociedad y el individuo la idea de progreso moral” (p. 283).

En ese progreso, el papel de los principios es indicar lo que debemos hacer en general, y el de las normas, lo que se debe hacer o evitar en un nivel más concreto (pp. 110, 120). Según el autor, los principios pueden ser verdaderos o falsos (p. 110). Los valores guían nuestras evaluaciones morales (p. 126). El individuo nunca es ajeno a un sistema de valores, no evalúa acciones desde un punto de vista neutro (p. 132). Desde esa evaluación, el individuo (y la sociedad) va tomando decisiones y esas acciones hacen de él una persona buena o mala: por naturaleza, el ser humano no es ni bueno ni malo (p. 103).

En esa estructura ética, el autor reconoce que hay ciertas evidencias morales: “afirmaciones que describen hechos morales cuyo valor de verdad resulta indiscutible (para casi todo el mundo) a poco que reflexionemos” (p. 163). Un ejemplo de tales evidencias podría ser la afirmación: “El maltrato infantil es malo”. También son malos los juicios que defienden posiciones racistas, xenófobas o misóginas (p. 193). Dichas evidencias no dependen de que una mayoría las acepte: son objetivas, pues, para Gabriel, hay verdades que lo son (pp. 58, 97).

La propuesta de Gabriel se construye sobre la base -en este aspecto, más aristotélica que kantiana- de que la verdad moral existe como algo objetivo y es accesible al ser humano (p. 234). Es lo que él denomina ‘realismo epistémico’: los hechos morales universales pueden ser comprendidos tal y como son (p. 175). En este punto, Gabriel parece querer detener la inercia deconstructivista que la posmodernidad ha ejercido sobre conceptos como ‘verdad’, ‘valor’, ‘conocimiento’…

El autor sostiene que el relativismo moral es, por un lado, peligroso, pues abre la puerta a aceptar acciones claramente inadmisibles; y, por otro, irreal, pues todo individuo o comunidad considera que ciertos valores son objetivos, no son optativos. El nihilismo moral es, por ello, algo insostenible si el hombre usa realmente la razón: Nietzsche tuvo que desbancarla para poder obrar su proyecto ético (p. 91). 

En un nivel práctico social, la nueva Ilustración que propugna Gabriel sólo puede alcanzarse si se abandona la idea de que el avance social se produce gracias a la competencia entre individuos y entre naciones

En un nivel práctico social, la nueva Ilustración que propugna Gabriel sólo puede alcanzarse si se abandona la idea de que el avance social se produce gracias a la competencia entre individuos y entre naciones (p. 11). La economía de mercado no es mala ‘per se’ pero, actualmente, debe cambiar y no tener como único criterio el crecimiento constante e ilimitado (pp. 309, 349). Por otra parte, el autor considera que los problemas éticos, sociales y políticos más acuciantes hoy sólo pueden abordarse desde una perspectiva global, que lleve al hombre a trascender los límites de las razas, las naciones y las culturas. De hecho, Gabriel afirma que, desde el punto de vista biológico, no existe eso que llamamos ‘razas’; y, en el ámbito cultural y político, no existe eso que llamamos ‘culturas nacionales’: tales conceptos (‘raza’, ‘cultura’, ‘país’…) son construcciones artificiales (pp. 217, 227, 324).

Emulando el ideal de cosmopolitismo ilustrado, Gabriel propone el establecimiento de una comunidad de fines (el ‘reino de los fines’ de Kant) (p. 189) como marco necesario del progreso moral individual y social. En esa comunidad, como sostiene el imperativo categórico kantiano, el hombre debe obrar tratando a los demás como fines y no sólo como medios, aspirando siempre a que la máxima que guía su actuación pueda convertirse en ley universal (p. 151).

En este libro, Gabriel propone volver a la ‘luz’ a través de la razón, salir de la oscuridad recuperando el espíritu del proyecto ilustrado de la modernidad y adaptándolo a una sociedad posmoderna en una ‘nueva Ilustración’

‘Universalidad’, ‘progreso moral’, ‘felicidad’, ‘verdad’, ‘hechos’, ‘razón’… En este libro, Gabriel propone volver a la ‘luz’ a través de la razón, salir de la oscuridad recuperando el espíritu del proyecto ilustrado de la modernidad y adaptándolo a una sociedad posmoderna en una ‘nueva Ilustración’. Sin embargo, en esa propuesta, se echa en falta -creemos- una explicación más profunda del modo de realización de esa propuesta, del camino para alcanzar ese horizonte moral. Conceptos como ‘virtud’ o ‘comunidad’, tan importantes en la tradición moral occidental, hubieran sido útiles…

 

Para citar el artículo: Lorenzo D. Identificar los valores en el siglo XXI. Bioètica & debat. 2025;29(95): 1-3.

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