La revolución ética
Torralba F. La revolució ètica. Barcelona: Ara Llibres; 2014. 202 p.
Médica. Máster en Bioética. Ex-directora adjunta del Institut Borja de Bioètica.
El profesor Francesc Torralba es, sin duda, uno de los principales referentes en cuestiones relacionadas con la ética, no solo en nuestro entorno, sino también a nivel internacional. Su sólida y dilatada trayectoria en este campo le ha llevado a ser actualmente director de la prestigiosa cátedra Ethos de la Universitat Ramon Llull, a la cual ha dotado de su experiencia y saber hacer.
El libro que presentamos hoy, La revolució ètica, aborda el que quizás ha sido el tema principal de su carrera. Y, además, lo hace con un lenguaje ameno y desde una perspectiva práctica y comprometida, lejos de distantes disquisiciones teóricas.
El libro que presentamos hoy, La revolució ètica, aborda el que quizás ha sido el tema principal de su carrera. Y, además, lo hace con un lenguaje ameno y desde una perspectiva práctica y comprometida, lejos de distantes disquisiciones teóricas
El libro comienza con una cita del Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi tan sugerente como esta: “La auténtica revolución es la del espíritu, nacida del convencimiento de que es necesario cambiar las actitudes mentales y los valores que dan forma al progreso del desarrollo de una nación. [...]. Se necesita la decisión unánime de perseverar en la lucha, de sacrificarse en nombre de las virtudes permanentes, de resistir las influencias corruptoras del deseo, la mala fe, la ignorancia y el miedo”. Así, de entrada, ya se sitúa al lector en la idea de que la revolución ética no es fácil, pero es el único destino viable de una humanidad que busca su progreso.
En el primer capítulo del libro el profesor Torralba reflexiona sobre la indignación, como respuesta natural a la injusticia, y sobre cómo esta indignación, si no deviene compromiso, resulta del todo estéril. El segundo capítulo reivindica la necesidad de la ética, en un mundo que se deshace, como clave fundamental para el futuro de la humanidad. Y la ética con todos los detalles, la que habla de derechos y deberes, no una pseudoética de rebajas o de cara a la galería. También se nos emplaza a aprender de los errores del pasado, a saber distinguir qué tenemos que tirar por la borda y qué tenemos que conservar, en nuestro viaje hacia un futuro mejor. En el tercer capítulo del libro se pone de manifiesto que, en un mundo hiperconectado, ya no es posible vivir aislados. Hoy la ética, o es global, o no es ética. En los siguientes capítulos se baja a campos más concretos de desarrollo de la ética: la política (capítulo 4) y el consumo (capítulo 5). Así, el capítulo 4 aborda la crisis de credibilidad que sufre la clase política; la constatación de que un determinado modo de hacer política, el maquiavelismo, ha quedado desenmascarado; las servitudes que supone la dedicación a la cosa pública; y, por último, la urgente necesidad de un cambio de paradigma. Y el capítulo 5 habla del poder que el ciudadano ejerce como consumidor, y de la necesidad de pasar del hiperconsumo a un consumo más moderado y responsable, necesidad que la crisis económica ha hecho virtud. El sexto capítulo del libro se adentra en la intimidad del ser humano. Trata de cómo es necesario que cada uno de nosotros tome conciencia de la coyuntura actual (lo que conocíamos hasta ahora se hunde bajo nuestros pies y entramos en territorio ignoto); de que la verdadera revolución tiene lugar en el interior de cada persona y, de aquí, se proyecta al exterior; y de que sin apertura a la alteridad –apertura para la cual es fundamental que el sufrimiento de los otros nos conmueva– no es posible el cambio; y reivindica la libertad humana, entendida como nuestra capacidad para escoger, para optar; y nuestro deber de trabajar para construir la paz. En el séptimo capítulo se pone en evidencia cómo la crisis ha hecho emerger una serie de valores que estaban olvidados u ocultos: la solidaridad intrafamiliar, el emprendimiento, la sobriedad y la cooperación informal. Si, como decíamos, en el tercer capítulo se habla de la necesidad de una ética global, en el octavo se hace patente que la ética, o tiene en cuenta el respeto a la naturaleza, o no es ética. Este respeto tiene un valor per se, pero también para no hipotecar a las generaciones futuras con los resultados de nuestros excesos.
El capítulo finaliza con el intento de respuesta a la pregunta ¿por qué ser ético? En un ejercicio de honestidad filosófica, el profesor Torralba admite que la respuesta a esta pregunta es un misterio
Por último, el capítulo final reivindica que la ética tiene que estar en el centro de la vida: por una parte, en el centro de una economía al servicio de las personas; y, por la otra, en el centro de la vida ciudadana, donde deben cultivarse las virtudes. Para hacerlo, resulta cada vez más evidente la necesidad de disponer de referentes comunitarios. De esta manera, probablemente pequeñas comunidades morales actuarán como reducto y salvaguarda de la ética en medio de los tiempos más convulsos. El capítulo finaliza con el intento de respuesta a la pregunta ¿por qué ser ético? En un ejercicio de honestidad filosófica, el profesor Torralba admite que la respuesta a esta pregunta es un misterio. “En definitiva, la ética es un movimiento del corazón, una apertura hacia los demás (...), pero la raíz de la experiencia ética es un enigma, un misterio que escapa a la razón instrumental, que no se puede explicar por la lógica mercantil”. Y prosigue, “Actuar éticamente es una exigencia, es la respuesta a una llamada interior...”.
Para citar este artículo: Roig, Helena. La revolución ética. Bioètica & debat · 2015; 21(74): 24-25